En el año 2018 comenzó una de las etapas más difíciles de mi vida. Empecé a sufrir de insomnio crónico. No era simplemente no poder dormir; era como si mi mente nunca se apagara. Estaba llena de pensamientos negativos, ansiedad, miedo y una profunda angustia.

Llegó un momento en que pensaba que iba a morir. Sentía que mi tiempo en este mundo ya había terminado. Vivía con ese temor constantemente y cada noche era una lucha.

Busqué ayuda médica y me recetaron pastillas para dormir. Al principio funcionaban, pero solo me inducían el sueño por unas horas. No solucionaban el problema de fondo. Con el tiempo necesité dosis más altas y sentía que ya no podía pensar con claridad. Me sentía desconectado de mí mismo.

En mi desesperación busqué muchas alternativas. Hice terapias, una sesión de regresión mental, una experiencia con ayahuasca y, como soy católico, también recurrí a la oración y a diferentes formas de apoyo espiritual. Sin embargo, aunque intentaba encontrar una solución, la intranquilidad seguía dentro de mí.

Durante esos años mi vida cambió por completo. Como no podía dormir, salía a conversar con los vigilantes durante la madrugada o hacía mucho ejercicio para agotar mi cuerpo, con la esperanza de poder descansar un poco. Pero el insomnio continuaba.

En el año 2020, mi único hijo estaba buscando una alternativa diferente a los tratamientos convencionales. Fue él quien encontró la página de Meditación Lima y me comentó que habría una sesión informativa.

Decidí asistir por curiosidad. Ese día escuché una explicación completamente distinta a todo lo que había conocido antes. Me explicaron el método de meditación y sentí que tenía sentido. Por primera vez pensé que quizás existía una forma de eliminar la causa de mi sufrimiento y no solo aliviar los síntomas; por eso decidí inscribirme. En esa época las meditaciones eran completamente presenciales.

Poco a poco empecé a limpiar todo lo que había acumulado durante tantos años: ansiedad, miedo, angustia, preocupaciones y pensamientos negativos. Sentía que toda esa carga se iba desechando día tras día.

Aproximadamente a los cuatro meses ocurrió algo que para mí parecía imposible: pude volver a dormir de manera natural.

Hoy vivo con tranquilidad. Incluso si alguna noche no logro dormir todas mis horas, ya no siento ese miedo ni esa desesperación que antes me consumían. La diferencia no es solo que ahora duermo mejor; la diferencia es que encontré paz en mi interior.

En el año 2021 apareció otro gran desafío. Me detectaron un tumor benigno y tuve que pasar por todo el proceso de exámenes, la operación y la espera de los resultados.

Lo que más me sorprendió fue mi reacción. Gracias a la meditación pude vivir todo ese proceso con calma, aceptando lo que se presentara. No regresó el insomnio ni la ansiedad que durante tanto tiempo habían dominado mi vida.

Hoy puedo decir con gratitud que la meditación transformó mi manera de vivir. No solo me ayudó a recuperar el sueño, sino que me dio la fortaleza y la tranquilidad para enfrentar los momentos más difíciles con paz y confianza.

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