Escucha las experiencias de nuestros miembros y cómo la meditación ha transformado sus vidas.
Antes de empezar a meditar, yo era una persona muy renegona. Me la pasaba discutiendo con mi hijo porque intentaba protegerlo de absolutamente todo; si salía y volvía tarde, le reclamaba de inmediato y terminábamos peleando feo. Al final de cada discusión me quedaba sola, llorando y dándole vueltas en la cabeza a lo que había pasado durante todo el día.
Vivía cargada de angustia. Cuando mi hija se casó y se fue del hogar, la casa se sintió vacía y me invadió una soledad muy fuerte. Para colmo, mi nieta pasó por un problema de salud y yo no sabía a quién acudir ni qué hacer. La tristeza se volvió tan pesada que en algunos momentos se me pasó por la mente que el alcohol podía ser una salida para no sentir tanto dolor.
Las cosas empezaron a cambiar poco a poco con la meditación, pero el cambio más profundo lo viví cuando viajé a Corea para un retiro de profundización. Estando allá me di cuenta de algo muy simple pero duro de ver: mis hijos ya son adultos y tienen que vivir su propia vida. Entendí que no puedo controlar cada paso que dan ni evitarles los problemas, porque ellos necesitan aprender de sus propios aciertos y errores para crecer.
Antes los veía como niños pequeños y quería resolverles todo. Hoy miro a mi hijo y veo al hombre adulto que es. Aceptarlo me quitó un peso enorme de encima y me trajo una paz que no conocía.
Hoy mis días ya no son de tristeza ni de preocupación constante. Si surge un problema en la familia, ya no reacciono desde la desesperación ni me desespero; me mantengo con la calma necesaria para pensar claro y apoyarlos sin ponerme a sufrir por ellos.
La relación con mi hijo dio un giro hermoso. Todavía estamos en camino y no digo que todo sea perfecto, pero ahora conversamos mucho más. Él mismo me busca para hablar, algo que antes no pasaba, nos llamamos seguido y sentimos que estamos recuperando esa confianza perdida. Aprendí a no reaccionar con rabia, a escuchar sus decisiones y estar ahí si necesita un consejo. Hasta mi hija me dice que me nota súper cambiada y mucho más tranquila.
La meditación me ayudó a limpiar la angustia y la soledad que llevaba dentro. A las personas que hoy viven renegando o sufriendo por sus familias, les diría que sí se puede vivir distinto. Yo encontré en este método la tranquilidad y la alegría que estuve buscando por años.
En el año 2018 comenzó una de las etapas más difíciles de mi vida. Empecé a sufrir de insomnio crónico. No era simplemente no poder dormir; era como si mi mente nunca se apagara. Estaba llena de pensamientos negativos, ansiedad, miedo y una profunda angustia.
Llegó un momento en que pensaba que iba a morir. Sentía que mi tiempo en este mundo ya había terminado. Vivía con ese temor constantemente y cada noche era una lucha.
Busqué ayuda médica y me recetaron pastillas para dormir. Al principio funcionaban, pero solo me inducían el sueño por unas horas. No solucionaban el problema de fondo. Con el tiempo necesité dosis más altas y sentía que ya no podía pensar con claridad. Me sentía desconectado de mí mismo.
En mi desesperación busqué muchas alternativas. Hice terapias, una sesión de regresión mental, una experiencia con ayahuasca y, como soy católico, también recurrí a la oración y a diferentes formas de apoyo espiritual. Sin embargo, aunque intentaba encontrar una solución, la intranquilidad seguía dentro de mí.
Durante esos años mi vida cambió por completo. Como no podía dormir, salía a conversar con los vigilantes durante la madrugada o hacía mucho ejercicio para agotar mi cuerpo, con la esperanza de poder descansar un poco. Pero el insomnio continuaba.
En el año 2020, mi único hijo estaba buscando una alternativa diferente a los tratamientos convencionales. Fue él quien encontró la página de Meditación Lima y me comentó que habría una sesión informativa.
Decidí asistir por curiosidad. Ese día escuché una explicación completamente distinta a todo lo que había conocido antes. Me explicaron el método de meditación y sentí que tenía sentido. Por primera vez pensé que quizás existía una forma de eliminar la causa de mi sufrimiento y no solo aliviar los síntomas; por eso decidí inscribirme. En esa época las meditaciones eran completamente presenciales.
Poco a poco empecé a limpiar todo lo que había acumulado durante tantos años: ansiedad, miedo, angustia, preocupaciones y pensamientos negativos. Sentía que toda esa carga se iba desechando día tras día.
Aproximadamente a los cuatro meses ocurrió algo que para mí parecía imposible: pude volver a dormir de manera natural.
Hoy vivo con tranquilidad. Incluso si alguna noche no logro dormir todas mis horas, ya no siento ese miedo ni esa desesperación que antes me consumían. La diferencia no es solo que ahora duermo mejor; la diferencia es que encontré paz en mi interior.
En el año 2021 apareció otro gran desafío. Me detectaron un tumor benigno y tuve que pasar por todo el proceso de exámenes, la operación y la espera de los resultados.
Lo que más me sorprendió fue mi reacción. Gracias a la meditación pude vivir todo ese proceso con calma, aceptando lo que se presentara. No regresó el insomnio ni la ansiedad que durante tanto tiempo habían dominado mi vida.
Hoy puedo decir con gratitud que la meditación transformó mi manera de vivir. No solo me ayudó a recuperar el sueño, sino que me dio la fortaleza y la tranquilidad para enfrentar los momentos más difíciles con paz y confianza.
Tengo tres hijos y, como muchas madres, dediqué gran parte de mi vida a ellos. Estuve presente en su crecimiento, en sus estudios, en sus necesidades y en todo lo que podía ayudarles.
Cuando mi hijo mayor se fue de casa, fue muy difícil para mí. Lloraba todos los días y pensaba constantemente en cuándo volvería. Aunque sabía que tenía trabajo, salud y que estaba bien, sentía un dolor muy grande. Llegué a pensar que tal vez ya no volvería a verlo como antes.
Con el tiempo, me di cuenta de que estaba sufriendo por el apego.
Llegué a la meditación gracias a mis hijos, quienes comenzaron a practicar antes que yo. Al conocer el método de limpieza mental que enseña el maestro Woo Myung, fui comprendiendo, poco a poco y de manera muy práctica, que uno puede vivir en paz sin aferrarse o apegarse a las personas, al dinero o a las situaciones.
Mis hijos siguen estando en mi vida, pero aprendí a relacionarme con ellos de una manera diferente. Antes esperaba que me llamaran, que estuvieran pendientes de mí o que se preocuparan por mí; si eso no ocurría, sufría.
Hoy ya no vivo con esa expectativa. Puedo hacer mi vida, disfrutar de mi tiempo y sentirme tranquila. Cuando compartimos momentos juntos, los disfruto con gratitud y no desde la necesidad.
Nuestra relación también cambió. Antes era más difícil conversar porque había molestias o resentimientos acumulados que no se expresaban. Ahora podemos hablar abiertamente de cualquier tema, con mucha más confianza y comprensión mutua.
Hoy me siento feliz al ver que mis hijos son independientes, trabajan y han construido su propio camino.
A las madres que están pasando por algo parecido, les diría que la meditación ayuda muchísimo. A mí me enseñó que amar no significa depender. Hoy sigo amando profundamente a mis hijos, pero sin el sufrimiento que antes me acompañaba. Por eso, me siento profundamente agradecida con este camino.
Desde que era pequeña siempre escuchaba y también veía que cuando alguien te da algo —sea un favor o algo material— muchas veces es a cambio de algo: otro favor, guardar un secreto o apañar alguna situación.
De alguna manera crecí con esa idea, y con el tiempo se transformó en una forma de desconfianza.
Sin darme cuenta, empecé a sentir que cuando alguien me ofrecía algo siempre había un interés detrás. Esto me llevaba a analizar demasiado las situaciones: preguntarme por qué me daban algo, qué esperarían a cambio o qué vendría después.
Con la meditación comprendí que aprender a recibir también es un acto de confianza. No todo en la vida viene con una intención escondida. A veces la vida simplemente nos ofrece algo: una ayuda, un gesto, una oportunidad.
Hoy intento recordarme que recibir no me hace débil ni me pone en deuda. Recibir también es permitir que la vida fluya, es abrir espacio a la gratitud y confiar un poco más en las personas y en el camino.
Descubrí a Meditación Surco al buscar clases de meditación online. Quería aprender a meditar para ayudarme con temas de ansiedad y depresión. Encontrarlos ha sido una de las cosas más fortuitas que me ha pasado. Las instalaciones son cómodas e impecables y aparte cuentan con sesiones online en múltiples horarios, lo cual es muy práctico. La atención es personalizada. Bede, con quien he tenido el mayor trato, es muy atento y dedicado. Ha sido una gran ayuda para mí. El resultado de practicar el método que enseñan ha sido el tener mayores herramientas para manejar emociones fuertes y el soltar heridas del pasado que no sabía que todavía me afectaban. A raíz de esto he visto cómo han mejorado mis relaciones con las personas en mi vida y como mi nivel de ansiedad y estrés ha disminuido. Es una inversión en uno mismo y no siempre es fácil, pero definitivamente lo vale. Muy recomendable.
Antes me dejaba llevar por mis emociones, era explosiva, y vivía con mucha intranquilidad, cuando pase por una situación difícil decidí ir en búsqueda de mi felicidad, y en mi búsqueda encontré un centro de Meditación que cambio mi vida totalmente, me siento feliz conmigo misma, he mejorado mi relación con mis amistades, con mis familiares, vivo en paz sabiendo que cada día es un regalo, y sobre todo encontré esa felicidad que tanto anhelaba.☺️
Super recomendado el lugar y el método de meditación 💯van casi 2 años que voy .…
Cuántas veces no hemos querido escaparnos (por un segundo al menos) de nuestra realidad??… de las preocupaciones??… del estrés??… del sufrimiento??… de nuestros propios pensamientos??… huirrrr e irnos tan lejos donde nada de esto o aquello nos alcance, donde nada ni nadie nos encuentre… solo por sentir un poquito de paz… Han sentido alguna vez que quieren quedarse en blanco y cuando lo consiguen desean capturar ese momento para que perdure por siempre??… no volver nunca a la realidad o al menos quedarse así por un tiempo, lo suficiente para volver al día a día y sentir que nada puede contra tí y eres lo suficientemente fuerte para sobrellevar tus días en el trabajo, en la casa y en todos los lugares en los que estés, rodeado de todo aquello que nos apaga poco a poco hasta consumirnos cada vez mas y mas…
He vivido 31 años de mi vida, intentando escaparme de todo y de todos, siempre viví intentando encontrar paz, escapandome o escabulléndome un rato entre mis sueños, en mi propio mundo, aislandome muchas veces para sentir que tengo un poquito de calma, huyendo de mi realidad, de la preocupación, del estrés, de lo que dicen los demás, de mis propios juicios del mundo y hasta de mi misma. Pero un día… gracias a Dios encontré el camino!!! un camino que quizás nunca hubiese podido encontrar por mi misma y por lo cual me siento muy agradecida con todas las personas que me ayudaron, guiaron y aquellas que estuvieron ahí empujándome para seguir… gracias!!! porque ahora puedo entender muchas cosas, cosas que son tan obvias pero que no las vemos porque caminamos cegados, viendo hasta donde nuestro ego nos deja ver, dominados por una parte de nosotros que es tan fuerte que nos manipula tanto, que hasta te llegas a horrorizar de lo que eres cuando sigues el método de la meditación…
Se que muchas veces una parte de nosotros en el fondo grita desesperado, caminamos en esta vida buscando y buscando algo más… eso que no lo llena nada; ni los lujos, ni las comodidades, no hay absolutamente nada que pueda saciar nuestra sed de eso que hemos venido a buscar… muchas veces creemos conseguirlo pero no se acerca en nada a la sensación que te llevas cuando meditas y sigues el método, cuando vas por el camino correcto, una parte de tí lo sabe… y esa parte de mi, con agradecimiento y mucho cariño los invita a caminar juntos… este será el mejor regalo que pueden hacerse ustedes mismos, no esperen a que las nubes se pongan aún más grises en su mundo, hay un camino y solo está en cada uno de vosotros decidirse… créanme que la experiencia que te deja, es tan plena que vale la pena al menos intentarlo!!! Un abrazo grande a todos, seres bellos de este hermoso universo!!!
Mi nombre es Deyanira, compartiré un poco sobre cómo era antes y después de empezar a meditar.
Era una persona sensible, aburrida, débil, con baja autoestima, insegura,aparte de todo siempre estaba enferma, todo lo que comía me caía mal, empezaba a bajar de peso y pocas veces cuando me sentía bien recuperaba peso.
A pesar de todo estuve estudiando en una universidad, y siempre habían preguntas en mi cabeza ¿Porqué me tiene que pasar esas cosas a mí? ¿Para qué vine a este mundo? Sentía que mi vida no tenía sentido, no sabía a dónde ir, sentía que era un problema para mis padres, sentía que no podía avanzar, ¿para qué estudiaba, solo era un gasto para ellos. Pensaba mucho en ¿qué iba a pasar luego?, pensaba en futuro y más me hundía. En la universidad pasaron muchos problemas, me reprimía tanto, y me hundía más y más.
No tenía muchas fuerzas para levantarme, prefería estar encerrada en mi cuarto y no salir, no quería ver a nadie, no quería asistir a clases, me deprimía rápidamente. Tanto era mi carga que terminé dejando la universidad.
Pasó un año más sin saber qué hacer con mi vida, y entre a otra universidad, pensé que iba a ser diferente pero no, cada vez que sentía presión quería dejar todo, y quedarme ahí, tenía miedo de hablar, no podía socializar, tenía miedo de hablar con los profesores, sentía un nudo en la garganta que no me dejaba hablar, no podía tomar decisiones, tanto era el miedo que mi corazón empezaba a acelerarse y empezaba a llorar. En una de esas crisis, terminé en el psicólogo de la universidad, y me mandaron a un especialista, un “psiquiatra”. Tenía depresión y ansiedad, no podía dormir , empecé a tomar pastillas antidepresivas, pastillas para dormir y fueron aumentando las dosis .
Cuando empecé a meditar, desde las primeras semanas ya había cambios, logré desechar fotos que le ponía mucho valor y notoriamente la carga empezó a disminuir, me empecé a sentir más ligera.
En el segundo nivel, dejé de ir al psicólogo, cada problema que venía solo seguía el método de meditación y tranquilamente podía avanzar, ya no me hundía con cada problema que pasaba.
En tercer nivel, perdí miedos, puedo socializar, sonrío mucho y tomo las cosas con calma, no tengo presión.
Ahora estoy en cuarto nivel y agradezco mucho al Maestro, al método y a los asistentes, por permitirme conocer la verdad, gracias.
Antes de empezar a meditar muchas veces sentía tristeza sin saber el motivo, solía sentir ansiedad aún en las situaciones más simples y tenía una arritmia cardíaca que de verdad me molestaba.
Un día recibí un volante de Meditación Lima cuya portada decía «Muy, Muy Feliz», entonces saqué una cita para recibir información y al poco tiempo empecé con este método de meditación. Desde las primeras sesiones empecé a sentir alivio, era como si cargara menos peso. Luego de pasar el primer nivel decidí dejar las pastillas para la ansiedad, aunque los primeros días fueron difíciles, luego fue un gran alivio. Ahora me siento mucho mejor que cuando las tomaba. Después de pasar el tercer nivel y al olvidarme de recoger las pastillas para la arritmia cardíaca, pensé que era buen momento para intentar dejarlas, de nuevo fue una buena decisión. Estoy mejor que cuando las tomaba.
En resumen, el alivio emocional y físico que he tenido gracias a la meditación de la resta ha sido muy grande, se me ha cambiado gran parte de la tristeza por alegría y he mejorado como persona y con mi trato a los demás, y soy más consciente de mí mismo.
He tenido mucha suerte de toparme con Meditación Lima. Muchas graciaaaaass!!!
Cómo llgué al mejor hogar? Aparentemente todo estaba bien, supuestamente era una persona feliz, fuerte, optimista, amigable, con un trabajo promedio y con mucho estrés (comercial en un banco).
A pesar de que llevaba una vida normal siempre buscaba mi lugar en el mundo, y éste no estaba junto a la familia sensacional que me dio la vida, tampoco al lado de mi ex esposo y menos en los tres países donde viví. Buscaba una liberación interna y no creía en la existencia de un ser superior.
Una buena tarde con muchas preguntas en mi cabeza me encontré con Senma, asistente del Centro de Meditación Lima, me invito a meditar y apenas llegué sentí armonía, paz y alegría en el ambiente y en las personas que se encontraban en el Centro.
Estoy inmensamente agradecida a la meditación y al Universo, no solo encontré mi lugar en el mundo, encontré a un ser superior y también aprendí a disfrutar el día a día sin estrés, ahora todo simplemente fluye.
Gracias totales!!!! Los invito a que se permitan liberarse y a ser felices eternamente.
Con mucho cariño.
Ludi Alcaráz
Siempre tuve dudas del comportamiento humano; por que el hombre sufre mucho, por que siempre quiere ser el mejor en todo, por que tan egoísta, por que queremos llenar nuestros vicios con trabajos, títulos, música, etc. y cuando lo logramos el vacío es mayor, por que nos dividimos los hermanos, los paises?
De pronto conocí el centro de Meditación Lima y observé un comportamiento humano diferente, quizás uno el que siempre consideramos ideal. Me explicaron el método que me liberaría de tales dudas e inquietudes, de mi propio mundo mental. Y empecé a estudiar, a seguir el método que con tanta entrega, alegría, amor y paz me transmitieron los guías y fui comprendiendo que toda mi vida era falsa, que había perdido conexión con el universo, con la Verdad. Poco a poco me fui identificando ya no con mi mente egocéntricamente, sino con la mente del universo.
Ahora empiezo a sentir paz interior, alegría, agradecimiento, amor por los maestros y los guías que nos trajeron el método para una genuina liberación y conexión con Dios, con el universo.
Etelvina Benitez
Lic. Adm. Empresas
Mi nombre es Patricia, quisiera compartir mi experiencia de vida antes y después de haberme encontrado esta meditación.
ANTES
Desde pequeña siempre me sentí muy insegura frente a las personas, sin embargo como me iba muy bien en el colegio me acostumbré rápidamente a tener cierta reputación y a obtener el cariño y admiración de la gente a través de mis logros.
Siempre sentí que era mi deber mejorar la situación económica en la que yo sentía que se encontraba mi familia. Con el correr de los años logré una buena carrera, un buen trabajo, y con ello vino la seguridad económica. Sin embargo esto no era suficiente, seguía sintiendo un vacío en mi corazón, algo que no me dejaba ser feliz completamente, y bueno «quién es feliz cien por ciento?!» me decía a mí misma.
Fue ahí donde comenzó mi búsqueda para llenar el vacío interno, probando un poco de cada cosa que se me iba presentando, como la práctica de yoga, reiki, deporte, flores de Bach, psicólogo, libros de autoayuda, volver a la iglesia, tratar de entender la biblia, etc. Saltaba de una cosa a otra, encontrando alivios temporales. Mis amigas me decían que cuando tuviera un hijo sería completamente feliz, pero yo no compartía la idea de poner el peso de mi felicidad en otro ser, que ni siquiera había nacido.
Durante los últimos años, me enfoqué casi por completo en mi carrera pensando en que la realización profesional podría suplir este vacío. Lo que logré fue estresarme a tal punto de que mi cuerpo enfermó. Además, sin importar con quién estuviera, me sentía profundamente sola, lo que me tenía en un estado de ánimo muy bajo. Una noche al llegar a casa después del trabajo, me encontré con un folleto de esta meditación en la recepción del edificio donde vivo, y lo tomé decidida a probar con la meditación, aunque no tenía la menor idea de qué se trataba. Cuando llegué al centro local me sorprendí con tanto cariño que me brindaban sin conocerme, no tenía que ganármelo, sólo me lo daban. Cuando me explicaron el método de meditación, lo encontré muy lógico y fácil, así es que comencé, compartiendo mi tiempo entre el trabajo y el centro. A los pocos meses mi pareja también comenzó a meditar, tal vez intrigado por saber qué había de especial en esto que me hacía volver muy tarde a casa cada noche.
DESPUÉS
Conforme iba avanzando en la meditación me iba dando cuenta de lo equivocada que había vivido, que todo lo que había sucedido en el pasado y las preocupaciones del futuro nunca habían tenido sentido. Así que decidí en poner todo mi empeño y dedicarme por entero a la meditación, por lo que dejé mi familia y mi trabajo y, alentada por los asistentes del Centro, viajé a Corea. Ahora puedo ver que el orgullo con el que crecí y la constante búsqueda de aceptación, de reconocimiento y de amor sólo daban cuenta de lo autocentrada que había vivido, hasta el momento el mundo giraba alrededor mío, y que un gran sentimiento de inferioridad era la raíz de todo esto. Aunque siempre me consideré generosa con las cosas materiales, logré ver que con los años había acumulado un gran apego al dinero, por el temor que sentía frente a la posibilidad de no contar con éste en un futuro.
A medida que iba limpiando mi mente, comprendí también por qué sucedió cada acontecimiento de mi vida, encontrándole sentido a todas las cosas. Cuando llegué al cuarto nivel de meditación algo mágico ocurrió, y por primera vez tuve la certeza de que nunca había estado sola, que Dios se encontraba en mi corazón. Experimenté una tranquilidad tan grande como nunca antes, de ahí en adelante mi estado de ánimo mejoró considerablemente, sintiéndome en una especie de “estado de felicidad” permanente, y nunca más volví a llorar por sentirme triste o sola, lo que antes era muy común en mí. Ahora dedico cada día a restar, de acuerdo al método que nos entregaron, uno por uno cada pensamiento inútil que he guardado en mi mente todos estos años, y puedo sentir que cada vez la mochila que cargo en mi espalda se va haciendo más liviana. Pensar actualmente en mi vida de hace un par de meses atrás es como recordar una vieja película que vi muchas veces, por lo que cada vez se hace más borrosa y ya no tiene sentido volver a verla una vez más.
Tengo mucho que agradecer a los asistentes del centro de Meditación Chile, porque siempre me alentaron a seguir, con su amor, su alegría, su positivismo, muchas gracias a la vida que me guió hasta aquí, gracias al método de meditación que ha cambiado y sigue cada día cambiando mi forma de ver las cosas. Ojalá que todas las personas pudieran experimentar lo que yo he vivido, ya que la felicidad en esta vida es posible.
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